Infinito finito

El espacio

Un pequeño espacio, sin estrellas esta vez

Dormido…

en total silencio,

observaba en mi interior recuerdos de otra vida…

Velas encendidas, derritiéndose en la oscuridad,

sobre botellas

Incienso

Los labios cortados

Secos

Besos

Pintura

El humo del tabaco

Un pequeño dolor en el epicentro del alma;

una grieta en la Tierra por la que se escapan los océanos

“¿Es hoy, o todavía es ayer?”

Susurra esa voz

¡Gime el alma!

Suntuosa piedra de opio, junto a esa pequeña Biblia negra

“Se apaga el mundo… sin dejar de brillar”

“Se apaga el aliento… se apaga… enmudece”

En pausa, quizá por siempre

Un frasco diminuto en el que encerrar todo aquello que amas

Un frasco diminuto

Un único espacio finito

Espacio

Espacio…

Despacio…

Infinito…

Finito…

sin estrellas esta vez

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Segundo de vida

Cuando se secaron los ríos y los lagos, una capa de sal cubrió mares y océanos, y todo murió bajo ella.

Sobrevivimos lo suficiente como para escuchar al silencio gritar.

Anocheció pronto, y jamás volvió a amanecer.

“Todo ocurrió ayer”, anunciaba una pintada en un muro, en el centro la ciudad.

Nuestra locura se vio reducida a un rumor extraño.

Recuerdos de otra vida…

Y ese rumor extraño se nos atragantó en la garganta.

“¿He estado vivo?”.

Nuevas pintadas aparecieron en los muros del mundo.

Nos habían repetido tanto esa mentira, que al final terminamos por creer en ella.

“Sí, has estado vivo… sin darte ni cuenta”.

Ese rumor extraño se tornó lejano…

Una canción de cuna.

Una gota de agua sobreviviendo al desierto.

Nuestra canción para sordos.

 

Rock-and-Roll

Sueños rehenes

Me pidió que le hablase con las entrañas, que rasgase las vestiduras a mi personaje y dejase el alma desnuda.

“Ahí dentro solo hay sangre, tripas y hueso, nada más”, confesé, aterrado.

La habitación estaba oscura, pero un brillo ebrio resistió en su mirada hasta el amanecer.

“Violencia, caos, cicatrices y algo de placer, solo eso”.

Se mantuvo en silencio, mientras que el ocaso invocaba a los sueños.

Nuestros sueños furtivos.

Fugitivos.

Sueños rendidos; rehenes del miedo.

Ansiaba escucharme hablar con la sangre, las entrañas y el corazón…

“Historias que nos contamos a nosotros mismos, nada más”.

Quizá su fuego era sincero.

La luna se disolvió, efervescente, en un vaso de agua llamado noche.

“No quiero ser otra vez el pez mordiendo el anzuelo”, suspiró mi personaje.

Y se hizo el silencio.

Apretaron las ataduras, hasta que el aliento se cristalizó, seguido de un gemido sordo.

“¡Estás dentro, muy dentro de mí!”, me dijo.

Y la noche se esfumó entre los dedos, húmedos de saliva.

Nos robamos la última caricia…

Una última calada…

El beso de despedida.

Ajena a nuestra locura, la realidad vivió un nuevo amanecer.

“Parece que todavía no se ha acabado el mundo ahí fuera”.

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Tiempo

El tiempo es todo lo relativo que tú desees que sea; no tengo miedo a la muerte, aunque sí que es cierto que en su momento sentí algo parecido a ese miedo. Un reloj colgando de una pared cualquiera contiene todo el tiempo del universo. Contiene su medida eterna, las horas pasadas y por pasar. El tiempo no se detiene porque tú o yo estemos tristes, o porque tú o yo dejemos de existir; el tiempo existe y existirá, con o sin nosotros.

Cuando alguien desaparece, y ese cuerpo de carne, hueso y sangre pasa a transformarse en polvo y aire, las personas de alrededor no lloran a la naturaleza, dado el misterioso destino que aguarda al final del camino, sino al tiempo que han perdido en compañía de esa persona que se ha ido para un “siempre” relativo.

El tiempo es una medida universal; un todo que en ocasiones se reduce a nada. Podría ser que temiese a la vida, al fin y al cabo me gusta esta carne, este hueso y esta sangre que me componen, pero la verdadera de mis preocupaciones es el tiempo; el tiempo que ha pasado, y el tiempo que nos queda.

La pregunta no es qué has hecho ayer, ni tampoco que harás mañana; la verdadera de las cuestiones es qué vas a hacer hoy, por el pasado y por el futuro. ¿Algo que te alce, quizá? ¿Una merecida pausa dramática? Una nueva hora que desaparece, con sus minutos y segundos bailando al son de la eternidad.

El tiempo es todo lo relativo que tú desees que sea, así que jamás dejes de desear cosas.

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Júzgame

Echarle la culpa al hielo, sin entender que el fuego derrite

Multiplicar los puntos a los que mirarte

Una ola furiosa que embiste

Ácida

Sobre la escarcha

“No sabes nada de mí, sólo has leído el título”

Cenizas que se lleva el viento

Fotografía velada

Recuerdos a los que se les niega un pasado

Glóbulo rojo que bailas, sobre la punta de una aguja

Manteniendo el equilibrio…

“Esa opinión, que te ciega”

Un espejismo

Papel mojado

Pareidolia

Superstición emocional

“El modo en que me deformas”

Con hipótesis

Observaciones

Conjeturas

Egocentrismo

“El miedo que te aleja, mientras que lo cargas a la espalda”

Mal sueño

Insomnio

Realidad paralela

Aumentada

“El punto más alejado del Universo, bajo tu lupa”

Todo aquello que no sabes…

“Me congela sobre la aguja”

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Secretos

“Sólo es otro día raro, empachado de palabras”.

Me dije, insistiendo en que no volvería a abrir los ojos…

Y así fue.

Coloqué trampas para lobos en mi mente;

Sonó un chasquido, y rugió la bestia.

“¡He cazado una buena frase, incluso ha intentado morderme!”.

Me pasé tanto tiempo hablando solo,

Que al final no me apetecía hablar con nadie.

“Deberías dormir, esto no es sano, son demasiadas horas”.

Sonó un nuevo chasquido, seguido de un feroz rugido;

Lo describí con palabras, lo mejor que pude.

Pero seguía sonando raro.

Y se pasó el día, y la noche;

Secuestrando párrafos, raptando cada instante.

Los brazos cansados, de no hacer nada…

Las piernas, entumecidas…

Los ojos rojos, inyectados en sangre.

Esta frase no encaja, quizá si… ¡Joder!

“Sólo es otro día raro… se ha alargado demasiado”

Al comprobar las trampas, caí en la cuenta;

Las ovejas también se disfrazan de lobo.

Las palabras vuelan…

El castillo sobrevive al asedio…

Y la noche llega a su fin.

Inmerso en mis mentiras…

Y las de mis actores.

Nadando entre secretos.

Historias, personajes, emociones…

Tragedia, comedia… Hilarante, ¿verdad?

“¿Quién habla?”.

Estoy solo aquí, dentro de mi cabeza.

El sueño se me lleva, justo cuando todos despiertan.

“Mañana no abriré los ojos en todo el día”.

Se apagan las velas;

Suena esa canción extraña… para sordos…

Que me empacha de palabras…

“Sólo es otro día raro… juntando secretos”.

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¡Qué puta eres!

Querida sensibilidad,

Te odio; no puedo evitarlo, siempre lo haré.

Conviertes a mis amigos en enemigos.

Te enamoras, y me arrastras;

en ocasiones a trampas anunciadas.

Hechizas palabras, y las transformas a tu antojo;

En ofensas

Puñales

Insinuaciones

Promesas

Te equivocas, dejándote guiar por las emociones.

Tropiezas, te levantas, y vuelves a caer…

¡Siempre de morros!

Te odio porque me haces sentir, y no lo soporto; no lo quiero.

Detesto tus condiciones, tus canciones, tus cosquillas y todas esas ilusiones.

No entiendo este silencio tuyo, y en el fondo extraño cuando todavía creía en ti.

No te comprendo, ni tú a mí tampoco; pero somos inseparables, y eso me jode.

¿Te acuerdas cómo era todo antes del miedo?

Antes del segundo eterno en el que se derritió la confianza;

nos dejábamos llevar, y siempre había un pañuelo en el hombro, lleno de mocos.

En el fondo, muy en el fondo, sabíamos que era por algo… y ahora, nada.

Tu silencio…

El mío…

Las cosquillas, y todas esas sonrisas.

Las miradas que recordamos, y por las que nos susurramos sueños.

¡No te soporto!

¡No te quiero cerca!

Explícame la diferencia entre el deseo y el amor, si es que la entiendes…

¿Y entre el amor y la obsesión, puedes hacerlo?

¡Eres estúpida!

Ya no soy un niño, déjame en paz.

Deja de recordarme cómo éramos antes del vértigo, y del temor.

Antes de que al atrapasueños se le revolvieran las tripas…

y se pusiera a vomitar pesadillas.

Eres la furia de mis entrañas.

La luz; y yo la polilla.

Eres el grito mudo de todos los instantes en los que creí morir de amor…

…o de tristeza.

Quizá de soledad, como ahora mismo.

Eres esa maldita sensación que me recorre el alma…

Una debilidad de mierda.

Eres quien da importancia a las palabras, a los actos y decisiones de los demás.

La espada que corta, y el viento que hiela; el fuego que arde, y me quema.

Te odio, porque me haces sentir.

Me haces esperar…

Me guías hacia el deseo, y me animas a dar piruetas.

Me arrastras hacia el anhelo y la nostalgia…

y les nutres de importancia.

Te odio porque hace tiempo que no me hablas mirándome a los ojos.

Te odio porque yo he cerrado los míos; y ahora está oscuro.

Frío…

Y silencioso.

 

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El peso de la gravedad

“Hasta el fin de los días habría sido demasiado tiempo, se nos habrían acabado los rincones en los que besarnos, los espacios en blanco en los que escribirnos cartas de amor con la mirada; esos centímetros de piel inexplorados, en los que plantar una caricia. Se nos habrían acabado las horas, los minutos, y todos esos segundos mudos que se evaporan; nos habríamos acabado juntos, y jamás me lo perdonaría”.

Cuando leí su nota supe que jamás volvería a verla.

Suspiré con resignación, inundado de cierta alegría.

¿Qué más podría haber hecho?

Mi zona de confort me había abandonado para siempre, y aún con todo lo que ello suponía me sentí libre por primera vez en toda mi vida.

Ni siquiera se llevó sus cosas, se largó con lo puesto, lejos de mi mundo.

Lejos de mí.

El miedo es así; llega solo y se va sin nada, para siempre.

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